Volar es posible

Irai nació menuda de gestos dulces y delicados. Llenó de nuevos olores cada ricón de nuestro hogar y cuando la mirábamos sentíamos el placer de haber crecido como familia maravillados por la sabiduría de la naturaleza.

A los pocos meses, la admiración que sentíamos por la naturaleza se convirtió en rabia: ¿por qué la naturaleza, el destino o, como carai se llame, decidió que la pequeña Irai fuese la escogida entre los millones de habitantes para padecer una enfermedad genética rara?

Han pasado meses desde que nos hicimos esta pregunta por primera vez. No tenemos la respuesta y hemos dejado de buscarla. En cambio, hemos aprendido que “la gente no está bien ni mal. La gente somos como somos. Tenemos rasgos que nos hacen ser quienes somos. Agunos de estos rasgos no estan ni listados y otros llevan etiquetas muy grandes. Una diferenciación que, al final, sólo es nuestra.

Nada es bueno o malo, lo creemos de todo corazón. Ya lo hemos entendido. Sí que tenemos que buscar lo que nos de más paz, lo que nos haga más felices, lo que hiera menos a los otros. Pero todo es parte de un proceso de aprendizaje en el cual vamos creciendo, entendiendo, floreciendo. Y cuando el niño es pequeño y aún no sabe, o cuando el tallo es menudo y todavía no ha florecido, no estan mal, o estan incompletos, estan en un punto de la fase, perfecto en si mismo y tan valuoso como los otros.

Cuando unos padres aceptan la vida tal y como es, cuando acceptan la mañana tal y como nace, el día que hace o el trabajo que tienen, cuando unos padres acceptan a su hijo tal y como es, y quieren al que tienen delante, exprimiendo todo el amor y toda la felicidad que hay dentro, que puede ser exactamente el mismo que el de todos los comedores de todos los hogares, entonces, deja de haber nada por cambiar. Deja de haber nada que este mal. Deja de haber un enfermo. Y sólo está la vida. Como en todos los lugares”.

Y para disfrutar de la vida queremos aportar nuestro grano de arena para hacerla más fácil con la creación de esta Asociación.

Irai nació menuda de gestos dulces y delicados. Llenó de nuevos olores cada ricón de nuestro hogar y cuando la mirábamos sentíamos el placer de haber crecido como familia maravillados por la sabiduría de la naturaleza.